lunes, 12 de marzo de 2012

La Vieja Ventana


N/A: Al final.

Wii , diálogo.
Wiii, pensamientos

¡Disfruten la lectura!




"Enterraría los recuerdos junto a esa vieja ventana, abandonando todo lo que pudiera en un oscuro y recóndito espacio de mi interior, un lugar al que ni aún yo misma pudiera acceder".


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La Vieja Ventana

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Esto tiene que terminar—, me dije aparentando tener la seguridad que únicamente anhelaba.

Respiré profundamente y, temerosa y firme, determiné acercarme una vez más a la vieja ventana de mi habitación.

Caminé lo más despacio que pude, dando pequeños pasitos nerviosos me acercaba con una rapidez desesperante a mi objetivo y de repente, un temor antiguo recorrió mi columna, haciéndome saltar hacia adelante una distancia que no habría querido recorrer.

Apreté los puños con dureza mientras repetía una y otra vez, a modo de mantra: no hay nada que temer, nada..., nada…; sólo es una ventana.

Sin embargo, me quedé clavada al suelo justo antes de rozar la tenue luz de luna proyectada en la sucia madera. Las corrientes eléctricas de miedo subían y bajaban como en una montaña rusa e, inconscientemente, cerré los ojos y me aventé hacia delante. No habría sido extraño; siempre tapaba mi campo de visión desde ese punto para dirigirme a la puerta, pero esta vez se notaba la extrañeza de la situación en el aire. Me obligué a separar los párpados y fijé la vista en los barrotes, inmóvil y atontada; ni siquiera podía pensar…

Un insecto diminuto se escabulló por la única rama del árbol que quedaba a la vista y, súbitamente, los recuerdos invadieron cada espacio de mi mente, las personas, los sueños, los sentimientos…, él.

Las lágrimas comenzaron a aflorar, lanzándose hacia el vacío con una añoranza demente, una tras otra, se sucedieron sin descanso hasta que mi garganta obligó a mis labios a separarse y emitir chillidos inconstantes. Los muslos se me entumecieron y caí al suelo, como aquella vieja muñeca de trapo a la que le arranqué las piernas con una diversión sádica; mis músculos no me respondían y mi cerebro sólo se concentraba en librar un poco de todo el sufrimiento acumulado.

El pasado acudía como olas en un mar tormentoso, rápido y sin un orden en particular, pero con una nitidez tortuosa. Sentí, después de mucho tiempo, como se me estrujaba el corazón y el miedo y la desesperación se apoderaban de mí, regocijándose en el momento de debilidad que tanto habían esperado.

Temblaba de pies a cabeza y mi estómago se revolvía con cada latido acelerado de mi corazón. Si tan sólo pudiera gritar y pedir auxilio, tal vez alguien se apiadara de mí y viniera a salvarme de mi propia destrucción. Pero no podía exteriorizar más que lamentos silenciosos, además, probablemente a nadie le importaría.

Abracé mis rodillas, intentando esconder mi rostro del horror que se desarrollaba tras mis párpados, y me maldije interiormente por querer enfrentar algo que me estaba matando desde adentro, ¿y para qué? Había estado relativamente bien hasta ese momento y fui una idiota por querer más, por siempre desear la estrella más lejana en el horizonte. Era mi culpa. Así que cerré los ojos y soporté el sufrimiento que merecía por mi propio error.

Desperté en cuanto los tímidos rayos de luz solar rozaron mis pómulos, me di cuenta que la noche había pasado y que, después de llorar sin detenerme ni un minuto, pude conciliar un sueño pacífico, tintado de un delicado color durazno y desprovisto de las espantosas pesadillas por vez primera.

El amanecer ardió, con un brillo singular del que no me había percatado hasta ahora, y extendió sus tentáculos por toda la habitación, inclusive a la sombra que se estremecía en medio de tan glorioso espectáculo. La solitaria rama desnuda, que siempre me había producido una especie de terror, ahora parecía inofensiva y, hasta un punto, bonita en su simpleza. Pero seguía sin ser suficiente para dejar atrás todo lo que conllevaba esa vista.

Sonreí amargamente.

Nada lo era.

Aunque pareciera tan desgastada e insignificante en la claridad, era consciente de que esa gran abertura en la pared me seguiría ocasionando un poderoso temor reverencial cada noche que me acercara a ella y yo… yo estaba demasiada cansada de luchar.

Con las manos trémulas, me arrastré trabajosamente hasta las cobijas revueltas en la esquina de la habitación y me dejé caer en la nimia comodidad que me proporcionaban.

En ese transcurso me decidí definitivamente a hacer algo que debí prometer desde el comienzo:  dejaría ese abominable agujero en el pasado y a cualquier otra cosa que se relacionara con aquellos llameantes ojos dorados, tan incapaces de desaparecer de mi memoria como yo de permanecer en la suya.

Enterraría los recuerdos junto a esa vieja ventana, abandonando todo lo que pudiera en un oscuro y recóndito espacio de mi interior, un lugar al que ni aún yo misma pudiera acceder.

Adiós…

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Fin
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No recuerdo cuándo fue que escribí este casi drabble, pero me pareció apropiado comenzar con él, pues así podrán ver cuánto he avanzado (o retrocedido) a lo largo de los años. Aunque creo..., creo que fue como a los diez u once, así que ni yo misma entiendo bien por qué una ventana es el actante. Ni modo. Estoy media loca, ya es irremediable (xD).

Gracias por leer.


Nico.


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