N/A: Al final.
—Wii —, diálogo.
Wiii, pensamientos
¡Disfruten la lectura!
"Enterraría los recuerdos junto a esa vieja ventana, abandonando todo lo que pudiera en un oscuro y recóndito espacio de mi interior, un lugar al que ni aún yo misma pudiera acceder".
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La Vieja Ventana
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—Esto
tiene que terminar—, me dije aparentando tener la seguridad que únicamente anhelaba.
Respiré profundamente y, temerosa y firme, determiné
acercarme una vez más a la vieja ventana de mi habitación.
Caminé lo más despacio que pude, dando pequeños
pasitos nerviosos me acercaba con una rapidez desesperante a mi objetivo y de
repente, un temor antiguo recorrió mi columna, haciéndome saltar hacia adelante
una distancia que no habría querido recorrer.
Apreté los puños con dureza mientras repetía una y
otra vez, a modo de mantra: no hay nada
que temer, nada..., nada…; sólo es una ventana.
Sin embargo, me quedé clavada al suelo justo antes
de rozar la tenue luz de luna proyectada en la sucia madera. Las corrientes
eléctricas de miedo subían y bajaban como en una montaña rusa e,
inconscientemente, cerré los ojos y me aventé hacia delante. No habría sido
extraño; siempre tapaba mi campo de visión desde ese punto para dirigirme a la
puerta, pero esta vez se notaba la extrañeza de la situación en el aire. Me
obligué a separar los párpados y fijé la vista en los barrotes, inmóvil y
atontada; ni siquiera podía pensar…
Un insecto diminuto se escabulló por la única rama
del árbol que quedaba a la vista y, súbitamente, los recuerdos invadieron cada
espacio de mi mente, las personas, los sueños, los sentimientos…, él.
Las lágrimas comenzaron a aflorar, lanzándose
hacia el vacío con una añoranza demente, una tras otra, se sucedieron sin
descanso hasta que mi garganta obligó a mis labios a separarse y emitir chillidos
inconstantes. Los muslos se me entumecieron y caí al suelo, como aquella vieja
muñeca de trapo a la que le arranqué las piernas con una diversión sádica; mis
músculos no me respondían y mi cerebro sólo se concentraba en librar un poco de
todo el sufrimiento acumulado.
El pasado acudía como olas en un mar tormentoso,
rápido y sin un orden en particular, pero con una nitidez tortuosa. Sentí,
después de mucho tiempo, como se me estrujaba el corazón y el miedo y la desesperación
se apoderaban de mí, regocijándose en el momento de debilidad que tanto habían
esperado.
Temblaba de pies a cabeza y mi estómago se
revolvía con cada latido acelerado de mi corazón. Si tan sólo pudiera gritar y
pedir auxilio, tal vez alguien se apiadara de mí y viniera a salvarme de mi
propia destrucción. Pero no podía exteriorizar más que lamentos silenciosos,
además, probablemente a nadie le importaría.
Abracé mis rodillas, intentando esconder mi rostro
del horror que se desarrollaba tras mis párpados, y me maldije interiormente
por querer enfrentar algo que me estaba matando desde adentro, ¿y para qué? Había estado relativamente
bien hasta ese momento y fui una idiota por querer más, por siempre desear la
estrella más lejana en el horizonte. Era mi culpa. Así que cerré los ojos y
soporté el sufrimiento que merecía por mi propio error.
Desperté en cuanto los tímidos rayos de luz solar
rozaron mis pómulos, me di cuenta que la noche había pasado y que, después de
llorar sin detenerme ni un minuto, pude conciliar un sueño pacífico, tintado de
un delicado color durazno y desprovisto de las espantosas pesadillas por vez
primera.
El amanecer ardió, con un brillo singular del que
no me había percatado hasta ahora, y extendió sus tentáculos por toda la
habitación, inclusive a la sombra que se estremecía en medio de tan glorioso
espectáculo. La solitaria rama desnuda, que siempre me había producido una
especie de terror, ahora parecía inofensiva y, hasta un punto, bonita en su
simpleza. Pero seguía sin ser suficiente para dejar atrás todo lo que
conllevaba esa vista.
Sonreí amargamente.
Nada
lo era.
Aunque pareciera tan desgastada e insignificante
en la claridad, era consciente de que esa gran abertura en la pared me seguiría
ocasionando un poderoso temor reverencial cada noche que me acercara a ella y
yo… yo estaba demasiada cansada de luchar.
Con las manos trémulas, me arrastré trabajosamente
hasta las cobijas revueltas en la esquina de la habitación y me dejé caer en la
nimia comodidad que me proporcionaban.
En ese transcurso me decidí definitivamente a
hacer algo que debí prometer desde el comienzo:
dejaría ese abominable agujero en el pasado y a
cualquier otra cosa que se relacionara con aquellos llameantes ojos dorados, tan incapaces
de desaparecer de mi memoria como yo de permanecer en la suya.
Enterraría los recuerdos junto a esa vieja
ventana, abandonando todo lo que pudiera en un oscuro y recóndito espacio de mi
interior, un lugar al que ni aún yo misma pudiera acceder.
Adiós…
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Fin
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No recuerdo cuándo fue que escribí este casi drabble, pero me pareció apropiado comenzar con él, pues así podrán ver cuánto he avanzado (o retrocedido) a lo largo de los años. Aunque creo..., creo que fue como a los diez u once, así que ni yo misma entiendo bien por qué una ventana es el actante. Ni modo. Estoy media loca, ya es irremediable (xD).
Gracias por leer.
Nico.
Gracias por leer.
Nico.
